Desprejuiciada y alocada, la hija menor de Ezequiel es su consentida, especialmente porque ella ha sido quien ha aprobado de mejor manera la relación con Mariana, su futura madrastra.
Con la llegada de Martín sin embargo, la joven empieza a sentir que su vida toma un nuevo sentido y se decide a desvirgarlo. Lo que Katerina desconoce es que el amor no elige, y que a pesar de lo conveniente que sería para todos que Martín la eligiera a ella como novia, la atracción entre él y su futura madrastra es una olla
de presión a punto de explotar.

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